Por: Tomás Díaz Sepúlveda | 04/02/2026
Supone el concepto de cultura, conocimiento, supone también, que entendemos sin darle demasiadas vueltas lo que es.
Bordieu introduce el concepto de capital cultural que, aunque rimbombante, sintetiza lo que la cultura es: poder y subordinación.
Es concatenado a lo anterior, que entender que suprimir una política pública destinada a la democratización de la cultura, es sólo el primer ápice del tipo de gobernanza que el gabinete entrante y quien estará al mando creen que deben otorgarle a la gente que gobierna: rotear a los rotos, aunque aquellos que ellos presuponen menos capaces o más rotos, son donde su votación se expande, pues supieron conectar un discurso en la esfera pública (cuestión que aunque admirable, con la propiedad de todos los medios posibles, no es difícil).
Rotear a los rotos y devolverles a quienes ellos consideran dignos, aquellos espacios de poder, pues aunque la ultraderecha carezca de conceptos más allá que el de batalla cultural o haga para sí, conceptos como libertad, entienden bastante bien que la cultura significa poder pues supone una ventaja social, ventaja que no les resulta provechosa.
¿La ultraderecha está en contra de la cultura?
En EE.UU la actual administración prohíbe ciertos títulos tal y como los nazis o los militares chilenos quemando libros de cubismo por pensar que estaban relacionados a la revolución en ese país.
¿Es lo mismo prohibir o quemar libros que suprimir una política pública que buscar acercar la cultura a la gente? ciertamente no, pero conversan y se llevan bien. ¿Se diferencian mucho? La verdad pueden ser cosas distintas, sin embargo en un país como Chile, donde históricamente la cultura ha estado tan lejos de los sectores populares, significa un retroceso en cuanto a distribución de oportunidades.
De por sí, que personas afirmen que han comprado alcohol o ropa con este beneficio que es el pase cultural, supone una falta de cultura cívica tremenda ¿Podemos culparles? La verdad es que todos saben que no, pues al parecer nadie se encargó de hacerles saber que eso estaba mal (recordemos que el público objetivo es jóvenes de 18 años y adultos de más de 60 años).
Es entonces que, para el nuevo gobierno, eliminar significaría proponer, cosa que hasta dentro de la semántica es errónea: eliminar para que estos fondos se dirijan a, rediseñar, reimplementar, eso a mi parecer es proponer, lo otro, lo que el flamante nuevo ministro habla, es solo querer que los rotos sigan siendo rotos.