Por: Red Crítica | 05/01/2026
A muchos nos sorprendió despertar con la noticia del bombardeo realizado por Estados Unidos contra Venezuela, llevado a cabo de forma silenciosa durante la madrugada y que culminó con la captura del líder del régimen, Nicolás Maduro. Sin embargo, si observamos la historia de América Latina y del mundo, no es la primera ni mucho menos la única ocasión en que Estados Unidos decide intervenir, ya sea de manera evidente y pública, como en el caso venezolano, o mediante financiamientos y planes encubiertos, como ocurrió en gran parte de América del Sur.
En ningún caso esta columna busca defender la dictadura de Maduro. Considero necesario dejar en claro mi rechazo profundo e irrestricto a todas las dictaduras del mundo. Del mismo modo, manifiesto mi rechazo rotundo a las intervenciones extranjeras y a las violaciones a la autodeterminación de los pueblos, tal como lo ha hecho Estados Unidos a lo largo de su historia y, una vez más, en esta ocasión.
En la televisión pública, Donald Trump ha señalado que estas acciones se realizan para traer libertad al pueblo venezolano, sacar al “narcodictador” Maduro y gobernar Venezuela junto a su petróleo. Este último punto es el que menos relación guarda con los dos anteriores, pero sin duda es el que más le interesa a Estados Unidos. Si su preocupación principal fuese acabar con el narcotráfico, no habrían dejado en libertad al líder del “narcoestado” hondureño, Juan Orlando Hernández, quien cumplía una condena de 45 años de prisión en Estados Unidos por delitos vinculados al narcotráfico y que, según se ha señalado, habría sido perdonado por el propio Trump.
Por otro lado, si el objetivo del ataque fuese realmente traer libertad a Venezuela, no se quedarían con el gobierno del país y contaríamos mayoritariamente con ejemplos positivos de naciones invadidas por fuerzas norteamericanas que terminaron alcanzando la libertad de sus pueblos. Sin embargo, la historia muestra lo contrario: Vietnam, Irak, Afganistán o Libia dan cuenta de ello, al igual que las experiencias latinoamericanas en las que, de forma directa o indirecta, se frenaron procesos democráticos, como en Chile, Guatemala, Argentina, Uruguay y varios otros países de la región.
Esta intervención no solo impacta a Venezuela, sino que vuelve a tensionar a toda América Latina. Refuerza una lógica de subordinación histórica, debilita los márgenes de autonomía política de los Estados y crea un clima de inestabilidad permanente, en el que cualquier proceso soberano que se aleje de los intereses de Washington puede ser castigado. No es casualidad que el mandatario norteamericano haya insinuado la posibilidad de intervenir también Colombia y Cuba
Entonces, ¿cuál es el verdadero objetivo de Donald Trump y de Estados Unidos? A mi juicio, no existe un único objetivo, y claramente el combate al narcotráfico no es uno de ellos. Es posible identificar al menos tres grandes propósitos: en primer lugar, los intereses económicos y el control de recursos naturales, como el petróleo y el oro venezolano. En segundo lugar, reafirmar su dominio histórico sobre la región, dejando en claro que en su “patio trasero” siguen mandando. Y, por último, enviar un mensaje ante la pérdida de relevancia global de Estados Unidos, demostrando que aún se consideran una gran potencia y que quien les lleve la contraria deberá enfrentar las consecuencias.
Lo ocurrido en Venezuela no es un hecho excepcional ni una respuesta humanitaria, sino la reafirmación de una doctrina conocida por América Latina. Mientras esta lógica persista, no habrá discursos sobre libertad ni democracia que logren ocultar la realidad de fondo: la intervención, el saqueo de recursos y la negación del derecho de los pueblos a decidir su propio destino.