Por: Martina Fuentes Mena | 11/05/2026
I. El Vértice: Donde el pasado choca con el presente.
Escribo estas líneas desde VM20, el ruido de la ciudad en Plaza Baquedano es una constante; un recordatorio de que aquí el cemento tiene memoria. Estar en este Complejo que esta justo en el epicentro de las heridas y las esperanzas de Chile, me obliga a un ejercicio de introspección que va más allá de mis apuntes de Ciencia Política.
Caminar por la Alameda para llegar aquí no es un trayecto cualquiera. Cada vez que paso frente al Liceo 1, no puedo evitar mirar hacia atrás. Veo a esa Martina de cuarto medio que recorría los pasillos de calle Compañía con una carpeta bajo el brazo y una inquietud que no la dejaba dormir. En ese entonces, yo era la "javierina discutidora", la que no sabía quedarse callada ante lo que le parecía incorrecto. Hoy, como dirigenta estudiantil en la "Chile", esa etiqueta ya no es un apodo de liceo; es mi motor político. Pero el peso es distinto. En el liceo, la memoria era un rastro que yo intentaba recuperar; hoy, en este mayo de 2026, la memoria es un muro que debemos defender frente a un frenesí de desmantelamiento que apenas lleva aproximadamente sesenta días, pero que ya se siente como una eternidad.
II. La mirada hacia atrás: El archivo y la reencarnación simbólica.
A veces cierro los ojos y vuelvo al archivo del Liceo 1. Recuerdo el olor del papel antiguo de las planillas semestrales de 1967. Ahí encontré a Michelle Peña Herreros. Ver sus notas, imaginarla caminando por los mismos patios donde yo discutía con mis compañeras, humanizó para siempre la tragedia. Michelle no era solo una cifra de "detenida desaparecida"; era una javierina, era consciente, era consecuente. Estaba embarazada de ocho meses cuando el Estado decidió que su existencia era un peligro para el "orden".
Ese ejercicio de buscar a Michelle fue mi primer acercamiento real a los Derechos Humanos. Me preguntaba constantemente: “¿Si yo hubiera vivido hace 50 años, con mi personalidad activa y mi incapacidad de callar, habría tenido el mismo destino que ella?”. Esa pregunta me marcó a fuego. Fue ahí donde entendí lo que me dijo Héctor Herrera en aquel encuentro que cambió mi perspectiva: “Ustedes se están cruzando con la historia constantemente; están haciendo memoria sin quererlo”. Héctor, que rescató el cuerpo de Víctor Jara de la fosa común, me enseñó que sentarse en el mismo banco de una muchacha que fue perseguida es una forma de reencarnación simbólica.
Esa "reencarnación" es la que hoy me duele. Porque en estos escasos dos meses de gobierno de José Antonio Kast, siento que están intentando asesinar a Michelle por segunda vez. Ya no con balas, sino con burocracia; no con detenciones, sino con decretos que intentan borrar de un plumazo la institucionalidad que nos protegía.
III. Sesenta días de vértigo: El desmantelamiento quirúrgico.
Es alarmante la celeridad con la que se ha operado. En apenas ocho semanas, este gobierno ha demostrado que su prioridad no es la seguridad de las personas, sino la desarticulación de la vigilancia sobre el poder estatal. Como estudiante de Ciencia Política, observo con horror cómo se utiliza la narrativa de la "eficiencia fiscal" como un caballo de Troya para vaciar de contenido la democracia.
1. La asfixia del INDH y la ceguera regional
Lo primero fue el presupuesto. Recortar los fondos del Instituto Nacional de Derechos Humanos, especialmente en regiones, es una medida de una crueldad administrativa infinita. Al limitar las misiones de observación, el Estado está diciendo: "no queremos que nadie mire lo que hacemos". Sin ojos en el terreno, el abuso policial y la vulneración de derechos vuelven a ser sombras imposibles de probar. Esto no es ahorro; es impunidad planificada.
2. El vacío técnico del PNDH
El retiro del Plan Nacional de Derechos Humanos de la Contraloría fue un golpe seco. Ese plan era nuestra única garantía de que los Derechos Humanos fueran una política de Estado y no un capricho del gobierno de turno. Al dejarlo en el limbo, nos quedamos sin hoja de ruta. Sin metas, no hay fiscalización; sin fiscalización, el Estado es libre de ignorar los tratados internacionales que firmó con la sangre de nuestro pasado.
3. La nueva lógica del Uso de la Fuerza (RUF)
Desde VM20, a metros de Baquedano, hablar de los nuevos Reglamentos del Uso de la Fuerza (RUF) tiene un peso físico. Hemos visto cómo se intenta ampliar la discrecionalidad del actuar represivo bajo el pretexto del orden público. Cuando la ley permite que la fuerza se use sin una rendición de cuentas clara, estamos retrocediendo décadas. Estamos volviendo a la lógica del "enemigo interno", donde cualquier persona que alce la voz es sospechosa.
IV. El deber de la nueva política estudiantil: No hay peor ciego que el que no quiere ver.
Muchos nos dicen que "exageramos", que "el país cambió", que "hay que mirar hacia adelante". Pero yo siempre respondo con la misma frase que usaba en el liceo: No hay peor ciego que el que no quiere ver. El día en que como sociedad decidamos que los Derechos Humanos son un "tema del pasado" o un "gasto excesivo", habremos perdido la brújula moral por completo.
Mi rol hoy como universitaria no es solo estudiar teorías políticas en los libros, sino aplicarlas en la defensa de nuestro entorno. Si ellos corren para desmantelar, nosotros debemos volar para organizar y no podemos permitir que la "eficiencia" se convierta en la excusa para el abandono ético.
Hago política por la no repetición. Escribo esto por las "NN", por Michelle, por Carmen Bueno y por mis compañeras que hoy habitan el Liceo 1 y se sienten confundidas ante este nuevo clima de hostilidad. El negacionismo que asoma en los discursos oficiales es el mismo que pretendía ocultar el destino de nuestras excompañeras.
V. Conclusión: Ser consciente y consecuente hoy.
Escribo esto con la misma pasión con la que redactaba mis trabajos en el liceo, pero con una responsabilidad mucho mayor sobre los hombros. Mirar hacia atrás me da la fuerza para enfrentar este presente tan gris. Aquella joven que comparaba la lluvia del 11 de septiembre
con el sol que intentaba salir 50 años después, hoy ve cómo ese sol se nubla por un decreto administrativo.
Pero no vamos a bajar la guardia. Ser "consciente y consecuente" significa que nuestra lealtad no es con un gobierno, sino con la dignidad humana. Nadie muere mientras la memoria siga viva, pero la democracia solo sobrevive si somos capaces de defenderla hoy, en este 2026, con la misma fuerza con la que Michelle defendió sus ideales.
Desde VM20, en el corazón de Santiago, mi compromiso es claro: seguiré siendo esa "discutidora" que se niega a justificar lo injustificable. Porque Chile no puede permitirse cerrar los ojos otra vez. Y mientras haya una javierina en la Alameda o un estudiante en la Chile, el pasado no será una carga, sino el faro que ilumine nuestra resistencia.