Por: Martín Olate | 21/09/2026
Decía Antonio Gramsci que llegaría un momento donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no puede nacer aún. Es ahí donde estamos parados hoy, los monstruos han surgido y sus síntomas mórbidos nos gobiernan: llegaron, sin lugar a duda, los tiempos difíciles. Pero, tal y como dijo Álvaro García Linera, los tiempos difíciles no son sino el aire de los revolucionarios, de eso vivimos y de eso nos alimentamos. Es ahora que nos toca envalentonarnos, nos toca a nosotros, los revolucionarios del presente, levantar la lucha, nos toca luchar. Y nos vamos a caer, claramente, caeremos mil veces, pero nos levantaremos mil y una, que de eso se trata la vida, no se trata de no caer nunca, se trata de saber levantarse y aprender de la caída mil veces si es necesario, pero jamás desertar de nuestra lucha. El mismo García Linera lo dijo: “Para eso es un revolucionario. Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino”.
En los tiempos que corren, donde la soberanía nacional se convierte en nada más que una ilusión dentro de las mutaciones que muestra el capitalismo contemporáneo, se vuelve imperativo que el proyecto socialista eleve las banderas de un proyecto nacional y popular. Es una necesidad de primer orden que el socialismo, desde el amor más sagrado a la patria y al pueblo, haga saber al país y al mundo que, así como hace más de 200 años, la divisa sigue siendo vencer o morir, defendiendo nuestro honor de pueblo libre y soberano.
Se hace fácil en este país, en todo caso, hablar sin hacer. Es fácil decirle al mundo que lo que toca es resistir los embates de la vida sin nunca haber sido golpeado: es fácil decirle al pueblo de Chile que se apriete el cinturón habiendo gastado millones en carne desde el palacio presidencial. Escribiendo esto un 18 de septiembre, me llama particularmente la atención el llevar esta discusión al tema patria, pues muchos se llenan la boca con ella aquellos que toman los símbolos nacionales y los usan como trapo. Los mueven de aquí para allá y los invocan cual Todopoderoso para rascar un par de votos de aquellos que realmente sienten a Chile como poco más que un pedazo de tierra el cual explotar y vender a los intereses extranjeros como si de nada se tratase. Decirse patriota en base a ese discurso, como hace la derecha hoy, es una contradicción que supera lo biológico y se trata honestamente de un rasgo de estupidez más que otra cosa. ¿Cómo podrían ellos compararse a los héroes del 5 de abril, con ese carácter infame y servil?
Hoy, lamentablemente, el término “patriota” se encuentra secuestrado, curiosamente, por aquellos que hace 53 años fueron capaces de bombardear La Moneda, de torturar, asesinar y desaparecer al compatriota solo por pensar distinto, para asegurar los privilegios de la clase dominante siguiendo las órdenes del rico lacayo y su amo norteamericano. ¿Es ese el patriota?, me niego a aceptar eso. Se vuelve necesario entonces entender que la patria es más que los símbolos dispuestos o un pedazo de tierra: la patria somos todos, la patria empieza por el otro, por el colectivo. Particularmente, me gusta pensar a la patria como un motivo de lucha, ¿Por qué luchamos si no es por una patria libre, justa y soberana donde puedan las clases oprimidas vivir a la altura de su dignidad?
Es deber patriótico recuperar Chile del cáncer neoliberal, corresponde al socialismo, construido desde las características autóctonas de nuestro Chile, este deber patriótico. Corresponde al socialismo la construcción de comunidad en barrios, escuelas y universidades; corresponde al socialismo organizar la esperanza, corresponde gritar a los cuatro vientos: ¡La patria es el pueblo tomando en sus manos su propio destino! ¡Es deber socialista hacer patria! Y no digo esto con un aire nacionalista de desprecio al hermano, lo digo desde la real y efectiva percepción patriótica que nos requiere la demanda socialista, que no es más que la materialización de la voluntad nacional, popular y profundamente democrática: no requiere el patriota el odio al prójimo, requiere el patriota el amor a su patria, a su pueblo y a quienes habitan el territorio nacional desde Arica a Punta Arenas.
La patria hoy nos pide a gritos, con la urgencia que nuestro amor por ella nos reclama, una alternativa clara ante las mutaciones del modelo socioeconómico vigente, una alternativa nacida del cobre, del trigo, del mar, del hombre y la mujer que a gritos reclaman dignidad: una alternativa netamente nacional y popular, una alternativa socialista. Ser socialista hoy nos requiere un inmenso amor por el prójimo, por el hermano, por el compañero, por el otro. No vean esto como un desafío o una carga, véanlo como es realmente: un acto de rebeldía y amor. ¿Qué cosa más rebelde, en los tiempos de brutal individualismo que corren, que entender que nadie se salva solo? Nada compañeros, nada, no existe mayor rebeldía que construir comunidad, hacer patria y levantar la frente ante la adversidad. Es eso finalmente lo que debemos hacer, pues la demanda socialista corre por entender que es el pueblo, protagonista de sus luchas, quien lleva la batuta de la transformación social, que la democracia debe ser para toda la sociedad y no para quien pueda pagarla, que la patria somos todos, que nadie debe salvarse solo y que solo el socialismo nos llevará a nuestra libertad definitiva, la libertad colectiva, nacional. Una definitiva segunda independencia.
¡Salud. compañeros, por el Chile que amamos, por el que luchamos y el que veremos nacer! ¡Destino socialista, patria liberada!