Por: Loreto Celsi R. | 31/08/2026
Cuando hablamos de la situación del aborto en Chile, pensamos en las tres causales, y muchas personas son fieles creyentes de que el aborto se practica de manera efectiva en los servicios de salud chilenos. Pero no es así, ya que, existe una barrera con mucha fuerza dentro del personal de la salud: la objeción de conciencia, que dota a una persona o institución a negarse a cumplir una norma o deber legal por motivos éticos, religiosos o morales; siendo así una herramienta para reducir el número de profesionales que realizan abortos.
Además, según datos del Gobierno, las regiones más afectadas por la objeción de conciencia son las de La Araucanía, Maule y O'Higgins, todas con porcentajes superiores al 60%. También existen hospitales públicos donde la totalidad de los obstetras se declara objetora de conciencia frente a determinadas causales, llegando incluso al 100% en algunos establecimientos.
Aquí podemos ver que, además de existir una reducida cantidad de profesionales e instituciones que realizan abortos bajo las tres causales, dependiendo de la región en que vives, tienes menores posibilidades de acceder a este procedimiento.
Hace muy pocas semanas, un grupo de diputados del Partido Nacional Libertario propuso un proyecto de ley llamado “Escucha su corazón”, que busca obligar al personal de la salud a ofrecer a las personas que solicitan un aborto legal bajo las tres causales la oportunidad de escuchar los latidos cardiacos del feto antes de tomar la decisión final, y si la mujer se niega a escuchar los latidos, el médico debe negarse a practicar la interrupción del embarazo.
Esta nueva ley podría terminar limitando aún más el acceso efectivo al aborto en nuestro país. Más que una medida para hacer que el proceso sea más transparente, es una propuesta que puede transformarse en una nueva barrera para el ejercicio de los derechos reproductivos y para la implementación efectiva del aborto bajo las tres causales.
Lo que se quiere implementar en nuestro país no solo interviene en una decisión que le corresponde únicamente a la persona gestante, sino que también genera presión y violencia institucional sobre una decisión que debería tomarse de manera libre e informada, sin presiones psicológicas ni imposiciones morales o religiosas.
No basta con que un derecho exista legalmente, cuando las condiciones para ejercerlo dependan de la moralidad, religión o ética del profesional de la salud, o del territorio en el que una persona vive.
Vemos cómo ciertos profesionales se niegan a realizar este procedimiento porque consideran que un aborto vulnera sus convicciones profesionales, morales o religiosas. No podemos seguir permitiendo que los derechos de niñas, adolescentes y mujeres sigan siendo restringidos, las convicciones personales de ciertas personas no pueden primar por sobre las de una mujer que decide sobre su maternidad.
El aborto debe dejar de ser visto como un “libertinaje”. Es un proceso difícil e incluso traumático para las personas que han pasado por él. “Escucha su corazón” no es más que un proyecto que revela la falta de humanidad y empatía de los congresistas que buscan impulsarlo en nuestro país.
Por esto, hago un llamado a ser más humanos y a dejar nuestras individualidades de lado. Solo así podremos garantizar que cada persona pueda decidir libremente sobre su cuerpo, su maternidad y su futuro, sin que sus decisiones sean condicionadas por las convicciones morales o religiosas de otros.
Porque garantizar el derecho a decidir no significa obligar a abortar, sino asegurar que quien necesite hacerlo pueda acceder a él de manera libre, segura y digna. Empecemos a cuestionar que los derechos reproductivos sigan siendo reducidos. En materia de aborto, debemos avanzar. La maternidad debe ser una elección de la persona gestante.