Por: Fernanda Parada | 06/04/2026
La educación en Chile refleja directamente la desigualdad dentro de la sociedad. Mientras una mínima parte de los estudiantes tiene acceso a los mejores recursos, tecnologías y apoyo tanto emocional como académico, otros deben conformarse con lo mínimo. Históricamente, tanto universitarios como secundarios hemos sido un símbolo de lucha y colectividad en busca de una educación donde tu futuro no tenga que depender de tu posición socioeconómica.
A pesar de los significativos cambios logrados, existe una lógica evidente de mercado dentro de la educación, donde mientras mejor situación económica tengas, mejor será la calidad de educación a la que podrás acceder. Además, el típico discurso del mérito individualista como si todos partieran desde el mismo punto, el cual no solo es injusto, sino que además asume un contexto el cual invalida e invisibiliza la realidad de gran parte de nuestro país.
“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica” dijo Salvador Allende. Actualmente los avances que beneficiaban a la educación vuelven a estar en riesgo. Sin embargo, con el paso de los años, ha empezado a ganar el individualismo dentro de los jóvenes. Nos llenan la cabeza diciendo que nuestro único deber es estudiar y que no debemos “meternos en cosas de grandes” como nos dicen que es la política, siendo esto uno de los muchos factores de la despolitización que se está generando en las juventudes.
Aquellos que un día lideraron movilizaciones en defensa de sus derechos, hoy mantienen silencio por nuestra educación, como si simplemente ya fuera un problema del pasado. No podemos seguir olvidando el por qué luchamos ni mucho menos seguir callando frente a las injusticias. ¿Dónde quedó esa juventud que defendía hasta el más mínimo roce de sus derechos? ¿De verdad vale la pena, después de décadas de lucha y resistencia, ahora bajar los brazos y ceder sin cuestionar?
La educación no puede seguir siendo invisible a ojos de los mismos que la vivimos día a día. Cuestionar el sistema no es desobediencia ni un acto de provocación, es tener conciencia y empatía sobre las desigualdades en nuestra propia sociedad.