Por: Alonso Inostroza | 03/08/2026
En los últimos años sectores de la derecha se han apropiado del concepto de patriotismo, el amor a la patria, el uso de los símbolos nacionales o la reivindicación de la identidad chilena.
Esta asociación no responde a una realidad histórica, sino al resultado de una disputa política y cultural en la que un sector ha logrado apropiarse con mayor éxito de un concepto que, en esencia, pertenece a toda la ciudadanía.
Aun así, algunos sectores conservadores hicieron de la bandera, el himno y los símbolos nacionales parte central de su discurso político, mientras que por otro lado buena parte de la centroizquierda y la izquierda priorizó otros temas, como la igualdad, los derechos humanos o la ayuda internacional. Esto permitió que se instalara la idea de que defender la identidad nacional era una posición propia de un solo sector político, cuando en realidad esos símbolos representan a toda la nación.
Aceptar esa apropiación implica renunciar a una parte importante de la identidad común la historia chilena no pertenecen a un partido político ni a una ideología específica, del mismo modo, que querer proteger y valorar la cultura nacional, celebrar las Fiestas Patrias o apoyar a la selección chilena no nos convierte automáticamente en una persona conservadora o de derecha.
La historia política chilena demuestra que el patriotismo ha estado presente en líderes y gobiernos de distintas corrientes ideológicas. Los gobiernos radicales de Pedro Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos impulsaron un proyecto de desarrollo nacional y el fortalecimiento del Estado como instrumento para modernizar Chile.
Salvador Allende concebía su proyecto político como una forma de profundizar la soberanía nacional y construir un Chile más justo por la “vía chilena al socialismo, a la chilena con chicha y empanada”
Y como esos hay cientos de ejemplos, por lo que resulta difícil sostener que estas figuras carecían de un profundo compromiso con Chile. Todos ellos entendieron la política como una forma de fortalecer la nación, demostrando que el patriotismo no pertenece a una sola ideología, sino que puede expresarse desde proyectos políticos distintos que comparten el objetivo de buscar el bienestar y el desarrollo del país.
A pesar de esto, durante el proceso constituyente de 2022, amplios sectores de la derecha condenaron con firmeza el incidente donde una persona de izquierda utilizó una bandera chilena de manera indebida, considerándolo una ofensa a la patria y a sus emblemas. Con lo cual estoy de acuerdo; el problema es la generalización que hacen estos colectivos de derecha: asumen que toda la izquierda mantiene esa posición de desprecio a los símbolos patrios o a la nación, lo cual no solo es una mentira deliberada, sino que también obvian que tanto Allende como Lagos, Bachelet o Tomic condenarían de igual forma esos actos.
Sumado a esto, esa misma intensidad para condenar a la “izquierda octubrista que odia a Chile” no se aprecia al abordar el bombardeo del Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973 Si la bandera merece respeto por representar a Chile, también deberían merecerlo las instituciones democráticas y los espacios que encarnan la continuidad histórica de la República, instituciones que personajes políticos como Johannes Kaiser, han declarado que estarían dispuestos de nuevo a quebrantar.
Ser patriota significa sentir compromiso con el país, valorar su historia, su cultura, sus instituciones y trabajar para mejorar las condiciones de vida de quienes forman parte de él, pero también es reconocer los errores del pasado. Amar al país no significa negar sus problemas ni idealizar su historia, porque ser patriota significa ser de derecha, porque la izquierda es patriota cuando representa al obrero, al huaso, al poblador y a cualquier ciudadano común, es patriota cuando quiere un Chile más justo para las y los chilenos.